Braman los toros.
Frunce el ceño la vaca.
En verano sangra el jugo rojo
de la sandía.
Braman los toros —
la vaca se frunce ante la puerta
que nadie quiso abrir.
Se frunce la vaca
ante tanta geometría y esquirla:
el cuchillo, la sandía,
el bramido sin destino.
En el medio de la sandía
vive un toro pequeño.
que nunca ha bramado
pero sueña con expandirse.
Con el cuchillo en el medio
todo cobra sentido:
la vaca, la sandía calada,
el bramido silente.
Braman los toros.
El deslamar de la tierra.
Hay cosas que pasan
sin permiso.
Se frunce la vaca,
La tierra se deslama.
Nadie lo entiende.
La vaca contempla
el calador de sandias que se va.
pero vuelve.
Toros al fondo.
Braman. Se frunce.
Se deslama lo que fue.
Queda el cuchillo.
Se deslame el mundo.
Braman los toros. ¿Y qué?
La vaca no opina.
Braman.
Se fruncen los ceños.
Se deslama la tierra.
Y el cuchillo brilla
en el silencio rojo.
La sandía es redonda
porque guarda adentro
todos los bramidos
que nadie escuchó.
Se frunce la vaca
como se frunce el tiempo
cuando nadie lo mira.
Con el cuchillo en el medio
aprendimos que las cosas
se parten
antes de que lo decidamos.
En el medio de todo
hay siempre un cuchillo.
En el medio del cuchillo,
nada.
Hay un verano entero
dentro de la sandía.
El cuchillo lo sabe.
Por eso corta despacio.
Al final,
el cuchillo estaba en el medio
de todo:
de la sandía,
del verano,
de los toros que bramaban
y de la vaca
que ya no se frunció más.